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Una familia en el Bronx

26 de mayo de 2025
Bronx

Vivir con miedo se ha convertido en la rutina diaria para una familia dominicana que reside en el edificio 665 de Berk Avenue, en el Bronx, Nueva York. Lo que comenzó como simples agresiones con basura lanzada desde la calle, terminó escalando a hechos violentos y destructivos, que han dejado a los afectados sintiéndose desamparados y en peligro constante.

Detrás de estos episodios se encuentra un vecino con aparentes trastornos mentales, según las denuncias.

El panorama empeoró cuando este hombre logró ingresar de manera ilegal al hogar, como quedó registrado en las cámaras de seguridad, causando graves daños materiales.

Entre los objetos destruidos se encuentran el vehículo de la madre afectada y el de su pareja, los cuales terminaron vendiendo como chatarra. La víctima, madre de cuatro hijos, asegura que tras un breve periodo de calma, los ataques se intensificaron nuevamente, incluyendo el lanzamiento de objetos, la rotura de botellas y el intento de derribar la puerta principal para entrar por la fuerza.

La desesperación alcanzó su punto máximo cuando la pareja de la mujer tuvo que intervenir para proteger a su familia, terminando arrestado por ese acto de defensa.

Mientras tanto, las autoridades del precinto 47 del NYPD han sido contactadas en repetidas ocasiones, pero, según la familia, la ayuda ha sido mínima. Alegan que, aunque llaman hasta cuatro veces al día, los agentes aseguran que no pueden actuar sin una orden de alejamiento física, lo que les deja completamente expuestos.

Este conflicto ha traspasado las paredes del hogar, afectando también al hijo mayor, quien fue agredido camino a la escuela, y a otros menores que casi son alcanzados por botellas lanzadas desde un segundo piso. Además, el agresor ha emitido amenazas directas, asegurando que incendiará la casa y que esperará a los niños fuera de la vivienda.

Los vecinos también han sido víctimas, denunciando vandalismo, vehículos dañados y el uso de sustancias corrosivas. El sentimiento en la comunidad es claro: el peligro es real y generalizado, y la urgencia de una intervención efectiva ya no puede seguir postergándose.